Pocos ingredientes, muchas comidas

Se tiende a pensar que para variar en la cocina hay que tener la despensa llena de cosas raras o pasarse el domingo mirando recetas. La verdad es que no: con seis o siete básicos bien elegidos se puede comer distinto toda la semana sin repetirse.

La gracia está en apostar por ingredientes que combinen con casi todo y que aguanten bien varios usos. Eso simplifica la lista de la compra, ayuda a que no se estropee nada en la nevera y sobre todo permite improvisar una comida decente esos días en los que llegas tarde y no hay plan.

Estos son los que más rentables salen.

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Huevos: el comodín total

Si hay que quedarse con uno, es este. El huevo se adapta a la hora del día, al hambre que tengas y al tiempo que dispongas.

Un revuelto con lo que haya en la nevera se hace en cinco minutos. Una tortilla francesa con queso saca de un apuro cualquier cena. Un huevo cocido convierte una ensalada aburrida en algo que llena, y un huevo poché encima de unas legumbres o unas espinacas rehogadas eleva el plato entero.

Y eso sin entrar en la repostería, los rebozados, las quiches, las masas o los mil desayunos posibles. Proteína de calidad, precio razonable y una capacidad de resolver casi ilimitada.

Legumbres: mucho más que cocido

Las legumbres arrastran cierta imagen de plato de invierno, pero llevan tiempo saliéndose de ahí. Y con razón.

Los garbanzos se convierten en hummus con una batidora, en falafel con especias, en una ensalada templada con espinacas y huevo o en un curry en veinte minutos. Las lentejas van bien en cremas, en salteados con verduras o en ensaladas frías con tomate y feta. Las alubias blancas casan con casi cualquier verdura, con un poco de bonito de lata o con un chorizo si buscas algo más contundente.

El truco para usarlas a diario está en tener botes cocidos. Un aclarado bajo el grifo, escurrir bien y directas al plato. Ahorras las horas de remojo y cocción, y quedan igual de bien.

Tomate: el que se lleva con todos

Es de los pocos ingredientes que van con verduras, carnes, pescados, huevos, quesos, legumbres, pasta, arroz y pan. Prácticamente no hay plato salado que no admita tomate en alguna de sus formas.

En crudo, para ensaladas, tostas o esa cena de emergencia que es un pan con tomate, aceite y jamón. Triturado, como base de sofrito, salsas, guisos, pizzas o el clásico bonito con tomate que resuelve una comida en diez minutos. Cherry al horno para acompañar cualquier pescado. Secos y en aceite para dar chispa a una pasta.

Merece la pena tener siempre en casa tomate fresco y un buen bote de tomate triturado o frito. Con esos dos formatos ya cubres el 90 % de los usos.

Arroz y pasta: el chasis de la despensa

Son la base sobre la que se monta cualquier cosa. Casi todo lo que hay en la nevera acaba encajando con uno o con otro.

El arroz sirve tanto para un salteado tipo wok como para una ensalada fría de verano, un arroz con verduras al horno o un risotto rápido con los champiñones que estaban al borde de estropearse. La pasta admite desde una boloñesa clásica hasta una pasta fría con atún y aceitunas, un aglio e olio de nevera vacía o un plato con verduras asadas y queso.

Truco práctico: cocina de más. El arroz frío se convierte al día siguiente en un salteado con huevo, y la pasta cocida aguanta bien un par de días en la nevera para hacer una ensalada o un pastel al horno.

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Yogur natural: no solo desayuno

El yogur natural sin azucarar es más útil de lo que parece. Se sale del desayuno con facilidad.

Como salsa para ensaladas o kebabs caseros, mezclado con hierbas, limón y un poco de ajo (el tzatziki es básicamente eso). Como aliño de una crema fría estilo raita para acompañar un curry. Como sustituto de la nata en sopas frías, en algunos bizcochos y en repostería más ligera. Como marinado para pollo, que queda muchísimo más jugoso.

Y para lo de siempre también: con fruta, avena, un puñado de frutos secos y un poco de miel, tienes desayuno o merienda montada en dos minutos.

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Menos ingredientes, mejores comidas

Tener despensa versátil es más práctico que tenerla llena. Con seis básicos que se lleven bien entre sí, sale una variedad enorme de platos sin que nada acabe en el cubo de la basura. Y ese es medio partido ganado cuando toca cocinar a diario.

Huevos, legumbres, tomate, arroz, pasta y yogur son un buen punto de partida. A eso le sumas verduras frescas de temporada, alguna conserva de pescado y un aceite decente, y prácticamente cualquier comida está a un cuarto de hora.

En masymas encontrarás los básicos frescos y de despensa para montar este tipo de cocina del día a día, sin necesidad de complicarse. Comer variado no depende tanto de lo que hay en el carro como de saber sacarle partido a lo que ya está en casa.

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