Margarita Tato: toda una vida entre mostradores y ternera asturiana Con esta apertura, Hijos de Luis Rodríguez suma 53 supermercados en total en Asturias.

A Margarita Tato Rodríguez la carne le ha acompañado desde niña. Creció viendo a sus abuelos y a sus padres en las matanzas tradicionales y pronto descubrió que aquel mundo le apasionaba. Con 16 años empezó a trabajar en un supermercado de barrio y, casi sin darse cuenta, se encontró al frente de la carnicería. Desde entonces no ha dejado el oficio.

Hoy, con 56 años, Margarita lleva 19 tras el mostrador del Supermercado masymas de la Avenida de la Argentina en Gijón, y habla de su profesión con la misma ilusión que cuando empezó. “Lo que más me gusta es el trato con la gente y la confianza que depositan en ti”, confiesa. Para ella, la carnicería no es solo cortar carne, es escuchar, aconsejar y preparar cada pieza al gusto del cliente.

Su día a día comienza temprano, recibiendo canales enteras de ternera asturiana que se despiezan en la propia tienda. Con limpieza, orden y mucha dedicación, monta el mostrador y prepara elaborados caseros que son ya clásicos para los clientes: cachopos, hamburguesas, albóndigas, picadillo o pinchos morunos. “No se trata de despachar bandejas envasadas, sino de ofrecer producto fresco, trabajado con mimo y profesionalidad”, explica.

Margarita sabe que no es un oficio fácil. Exige esfuerzo físico, compromiso y pasión. Pero también ofrece satisfacciones: el contacto con la gente, el orgullo de trabajar con la IGP ternera asturiana , y la sensación de mantener viva una tradición que sostiene a pueblos y ganaderos de la región. “Al trabajar con este producto ayudamos a fomentar la economía de nuestra tierra y a que siga la tradición de nuestros ganaderos”, señala.

Además de atender en el mostrador, forma a compañeros más jóvenes. Intenta transmitirles algo más que técnica: “Lo más importante es la actitud, las ganas de aprender, el trabajo en equipo y el buen ambiente”. Porque, como ella repite, para ser carnicero lo primero es que te guste.

Su historia es también una llamada al relevo generacional en un oficio que necesita manos nuevas. “Trabajar en masymas es abrir la puerta a aprender un oficio de verdad y ser un profesional de la carne”, dice convencida. Y lo cuenta como quien sabe que su pasión ha encontrado un lugar donde seguir creciendo.

En cada corte, en cada preparación, Margarita demuestra que la carnicería no es solo un trabajo: es un modo de vida, un arte con futuro.