Carnaval y gastronomía, tradiciones que van de la mano

Carnaval y gastronomía, tradiciones que van de la mano

En el medievo, el Carnaval daba rienda suelta a la burla y la sátira a modo de crítica social, con el fin de ridiculizar a gobernantes y nobles de la época. Todo ello bajo el amparo y la permisividad que la fiesta en sí otorgaba. Y como en toda fiesta, los excesos culinarios también estaban a la orden del día.

Carnaval y gastronomía, tradiciones que van de la manoSin embargo, el Carnaval, tal y como lo conocemos hoy en día, tiene sus orígenes en una fiesta pagana que se remonta a los tiempos de la antigua Grecia y Roma. De hecho, fueron las saturnales romanas las que dejaron como legado el uso de máscaras, los desfiles de carros y la sátira política.

El propio nombre proviene del término “carnevale”, propio de las lenguas romances y que se adoptó de la propia lengua italiana, donde no ha sufrido variación alguna hasta nuestros días, desplazando a las tradicionales formas “antruejo” o “carnestolendas”. A su vez, el propio término que da nombre a la fiesta deriva de la expresión latina “carnem levare”, cuya traducción literal es “quitar la carne” y que recuerda la prohibición de su consumo durante la Cuaresma por la iglesia católica. De hecho, los martes de Carnaval, último día de la fiesta, la carne cobraba especial protagonismo en copiosos banquetes previos a los periodos de ayuno y abstinencia.

En Asturias el Carnaval es conocido como “antroxu” y tiene como plato estrella al clásico pote asturiano con una ración extra de compango y otros derivados de la matanza del cerdo, tales como el picadillo, que suele verse acompañado en la actualidad con una abundante montaña de patatas fritas.

Carnaval y gastronomía, tradiciones que van de la manoSuperar los rigores del frío invierno durante el mes de febrero era la excusa perfecta para abusar de platos con un elevado aporte calórico. Así los nabos, berzas, repollos y los habituales derivados del cerdo tales como el chorizo, la morcilla, la panceta o el lacón eran incorporados al fuego lento de las perolas en los pueblos sin mesura alguna.

Tradiciones que no han quedado atrás, así como las casadielles, los frixuelos, la leche frita o los buñuelos, con los que poner el punto dulce al menú y un digno fin de fiesta.